De un tiempo a esta parte, se oyen cantos recurrentes considerando la incorporación de las TIC a las AAPP como un experimento fallido. Podemos no querer verlo, seguir pensándonos imprescindibles en la modernización de la Administración y palanca de su reforma, pero estamos más cerca de un momento crítico para la supervivencia de nuestro papel en la Administración que de alcanzar la cumbre del reconocimiento. Un ejemplo de ello fueron hace unos meses unas declaraciones del Ministro de la cosa pública en UK, en que señalaba con el dedo a las TIC cómo un lugar ideal para buscar dónde recortar presupuesto. Ello no es excepcional de los políticos conservadores. También he oido a algún socialista que hablaba del Gobierno Electrónico como un experimento que si no terminaba de rendir resultados habría que cortar, como todos los resultados infructuosos.
Los profesionales de las TIC en las AAPP somos unos de los principales causantes de esta situación. La desconexión entre muchos de nosotros y las áreas de negocio es más que evidente, considerando las TIC en si mismas como un fin y no como un medio de mejores servicios e incremento de productividad interna. Solemos estar más preocupados de la salud de los dispositivos electrónicos de nuestras infraestructuras de si estas arriendan ganancias en los procedimientos internos, no ejercemos una posición agresiva en la imposición de las TIC en la vida interna de la Administración y ocultamente preferimos que los servicios electrónicos no se usen para no tener que hacer frente a de si verdad aguantamos ser 24x7. Va siendo hora de que seamos los primeros en obligar al papel cero en nuestras unidades administrativas y pedir la racionalización de las ventanillas presenciales.
Y mientras estamos en esta posición pasiva, las falacias van extendiéndose. Se asimila uso directo con adopción del Gobierno Electrónico o se vincula el declive de la productividad en la Administración a las TIC como fracaso, y se oyen pocas voces en contra. Se ataca las TIC como despilfarro sin ninguna base racional y nos somos capaces de que la protesta vaya más allá de un par de bitacoras, y no conseguimos ninguna toma de posición por quien debe defendernos.
La OECD señalaba hace unos meses como es necesario que los profesionales de las TIC demos evidencias. Siendo el centro de la vida administrativa (que lo somos) es lógico que resulte sospechoso que no las demos., y debemos conseguir los aliados internos que nos permitan proporcianarlas. De no ser así, cavamos la fosa de nuestra propia irrelevancia.