jueves, 19 de mayo de 2011

#egov como reflejo del síndrome de la tortilla en la UE

Viendo el ranking de Gobierno Electrónico de Naciones Unidas, resulta poco discutilble el liderazgo de Europa en materia de Gobierno Electrónico. Con todo lo discutible que sea este indicador, la realidad es que bajo unos criterios homógeneos 6 de los 10 primeros puestos son ocupados por países de la Unión Europea (incluyo a Noruega, que aunque no sea parte de la Unión, asume las políticas en la materia y participa de las mismas).  Insisto en la necesidad de relativizar estos datos, pero no dejar de ser reflejo de lo que consigue un consenso y la voluntad política de avanzar en pos de conseguirlo. Aquel consenso fueron el desarrollo pleno de 20 servicios básicos de Gobierno Electrónico, que fueron aprobados en Consejo de la Unión Europea.

Año tras año, se ha evaluado el avance en la consecución del objetivo, repaldando el avance por una evaluación continua del progreso de los Estados Miembros en esa dirección. Desde hace ya un par de años, el objetivo ha sido alcanzado en la mayoría de los países, que superaron su consecución en un 90%, y sin embargo la Unión ha seguido con el ritual anual de su evaluación, sin saber introducir ningún objetivo visible nuevo que sirva de punto al que dirigirse conjuntamente. Ha habido Declaraciones Ministeriales posteriores que han servido de base de nuevas acciones, pero sin establecer nuevos objetivos que sean cuantificables de modo objetivo, excepto los relativos a las adquisiciones electrónicas introducido en Manchester para los cuales no se ha establecido una evaluación creible 5 años después de su establecimiento.

La falta tanto de objetivos nuevos en el Gobierno electrónico como de medios creibles de evaluación objetiva de los existentes, es un reflejo de la captura de la Unión Europea por el síndrome de la tortilla. No puede hacerse una tortilla sin romperse los huevos. La falta de competencias de la Unión Europea en la materia y la carencia de liderazgo de la Comisión Europea en tratar de establecerlas, no valen ya. La buena voluntad sirve para que conjuntamente comencemos a empujar un coche, pero se necesita algo más para que se le empuje en la misma dirección, para empezar fijar dicha dirección. Una prueba de esta falta de voluntad es la inexistencia, seis meses después de su aprobación, de ningún avance conocido entorno a los consensos que el Plan de Acción de Administración Electrónica 2011-15 indicaba era necesario alcanzar en 2011. Sigo de modo habitual la materia, y no conozco aún ningún objetivo en materia de transparencia, administración verde o desarrollo de servicios transfronterizos que, tal y como se especificaba en el Plan, haya sido establecido.

Supongo muchos pensarán que Europa tiene areas más importantes en que concentrar sus esfuerzos. Probablemente sea cierto, pero también es cierto que el avance en dichas áreas es también perfectamente descriptible. No es un problema de materias, es un problema de voluntad y liderazgo, es un problema de romper los cascarones de los intereses nacionales para crear una tortilla.

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